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7.26.2007

Nunca es suficiente

No basta una lágrima para abarcar el vacío.

Aún si besa tiernamente la mejilla
- aunque queme-
no ahuyenta al olor que carcome el alma y pesa,
se desliza, extiende y se tensa.

El hedor desesperado repta, suspira y se calla
con el mismo silencio de pies pequeños, descalzos y sucios,
de perros hambrientos, flacos y dolientes;
como el de viejos
o miradas fugaces a un cielo inabarcable,
como nada,
como manos que tiemblan,
como gritos silenciosos
o puertas cerradas.
Como de ojos cerrados que escurren
manchando.

No basta una lágrima
para olvidar la tímida fetidez de los asilos,
hospitales,
vagabundos,
ancianos,
de la cárcel.

Y huyen desesperados del olor que se absorbe y sofoca
se retiene y transpira,
se advierte tan humano
y tan muerto
que da escalofríos.

Y nos perfumamos para que nadie note la tristeza
y buscamos algo en los basureros.


No basta una madre,
un padre
o un hijo.

No basta la vida para abrazar al cielo

2.01.2007

El Humo Azul



El que ahora miras bailar y moverse entre el humo azul del escenario, es el hombre que recogerá tus suspiros desesperados.
El hombre sin nombre, sin color,
que regala rosas de madrugada y desaparece al amanecer.
El hombre con piel lisa adornada con dragones que recuerdan los cuentos que el abuelo contaba a los cinco años.
El hombre con dibujos de fantasía en el cuerpo.
El hombre de fantasía que no pertenece a tu mundo.
El hombre sombra que besa los brazos,

su sonrisa dice todo sin necesidad de decir nada.
Él brilla en el escenario bailando de noche.
que toma tu mano con una mano grande y firme
y te bautiza en su sudor para que empieces a existir desde ahora.
El otro, él (y ninguno).
El que es como todos y como nadie.
El hombre de sombra y de noche que besa tus labios.
que esconde su mirada porque no tiene.
El que baila, repta entre tus piernas, se mueve, se detiene y sigue bailando, porque no pierde el tiempo pensando, prefiere cerrar los ojos y olvidarse, y reflejarse en los tuyos y tomar esa imagen y besarla y devolvértela sin lágrimas, sin prisa, sin tiempo.
Y vuelve a bailar y a detenerse, y entonces duerme,
y el ritmo de su respiración invita a un nuevo baile interminable y mortal.
Es como el mar que ondea, enorme, en perpetuo movimiento. Que respira y arrulla y luego obliga a temerle. Como el mar que te envuelve, te asfixia y te da vida. Ondulante, fuerte, magnífico. Aunque es un mar que se evapora y que no existe, que se parece más al cielo porque flota.
Él sólo es una nube, pertenece a un sueño de ojos abiertos.
Él fuma cigarros sin olor que producen un humo azul que provoca que las sombras queden tatuadas en el cuarto.
Con un abrazo fuerte y un beso suave, te sumerge en el sueño doloroso de su breve existencia.

Pues sí, todos podemos ser cursis. Tenemos derecho ¿no? Desde que Sibo dijo que la cursilería no es pecado la he practicado sin temor a Dios.



9.07.2006

El número telcel que usted marcó...


"No es mi culpa, es de la televisión, un programa bueno tras otro. No me dejan vivir"
Homero (Simpson, claro)
Del otro lado del teléfono no hay nadie.
Ni debajo de la cama.
Ni en ningún lado.
Por eso dejamos de sentirnos solos cuando estamos frente a la computadora o el televisor.
No hay nadie ahí, lo sabemos y no importa, porque parece que ahí están, que son muchos y que están bien.
A diferencia de los que creemos que deberían estar ahí, pero no nos contestan y se niegan a estar donde deberían, es decir, en el mundo. Se niegan a existir y por eso se niegan a responder. Nos enfrentan con su silencio, con una grabación que nos invita a dejar un mensaje porque la persona de momento no existe, pero en cualquier momento puede regresar a nuestra esfera de acción y sabrá lo que queremos decirle.
La televisión no nos obliga a esto. La televisión está ahí (aparentemente) y nos habla aún cuando decidamos no estar y no responderle, aun cuando le ofrezcamos un silencio de muerte y nos ocupemos en nuestros asuntos. Ella seguirá hablando, acompañando (aparentemente) y llenando nuestro vacío que no es únicamente el de la casa, sino uno mucho más grande (menos aparente).